Yo sobreviví al “efecto 2000″

Corría el año 1999 y el mundo se preparaba para el llamado “efecto 2000″ un supuesto fallo informático que con la llegada del nuevo milenio, conllevaría el fin de la civilización.  Conocido en inglés como Y2K, el efecto 2000, iba a tener unas consecuencias devastadoras para la civilización: fallos en las centrales de electricidad, en las telecomunicaciones, en los transportes, etc. En resumen, el fin de los tiempos.

¿Pero en que consistía? Este error de software se basaba en la tesis de que una vez que alcanzásemos el nuevo milenio, el año 2000,  los ordenadores marcarían 00 sin tener en cuenta el cambio de siglo. Lo que a efectos informáticos, se traduciría como volver a vivir en el año 1900. Para entenderlo, debemos remontarnos a las últimas décadas del siglo XX cuándo los primeros ordenadores empezaron a desarrollarse. La falta se recursos y las limitaciones de los equipos de aquella época, así como la falta de visión, llevo a los programadores a indicar los años con dos dígitos en lugar de cuatro. En vez de 1989, los ordenadores marcaban 89. Era una forma cómoda y económica para una industria que no creía que muchos de sus equipos seguirían existiendo en el año 2000.

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Sin embargo, muchos de esos sistemas perduraron más allá de lo previsible, y la industria se enfrentó durante los años previos al 2000 a una revisión generalizada de millones y millones de líneas de código para garantizar que no hubiera una catástrofe de dimensiones mundiales.

Con la cuenta atrás del año nuevo, todo empezaría con  las centrales eléctricas dejarían de funcionar, dejando sin suministro eléctrico a las ciudades. Las compañías bancarias podrían perder los datos de todos los clientes y saldos bancarios, todo el mundo vería su saldo reducido a cero. Los transportes controlados mediante equipos informáticos no responderían, los teléfonos dejarían de funcionar, los servicios de emergencias se colapsarían. Y en medio de estos fallos, el caos se extendería y la anarquía se adueñaría del mundo.

Se crearon comités, planes de contingencia, empresas especializadas, auditorías de software, propuestas oficiales de los gobiernos del mundo para que todas las empresas estuvieran preparadas. Según la consultora IDC, Estados Unidos gastó un total de 93.379 millones de euros. A nivel mundial, el gasto total alcanzó de 214.634 millones de euros.

Y llegó el 1 de enero del año 2000. Nada relevante ocurrió ese día. Ya sea porque los sistemas habían sido correctamente actualizados o porque eran inmunes. Con la cuenta atrás y la llegada del 2000, el mundo entero contuvo la respiración esperando que algo o nada pasase. El primer país en entrar en el milenio, Nueva Zelanda, no tuvo ningún fallo. Así como Australia. “Como pueden ver, las luces están encendidas en Moscú. El efecto 2000 no esun problema”, declaraba el coronel ruso Sergey Kaplin.

El resumen de las incidencias quedo reducido a la anécdota. Las más relevantes afectaron a tres centrales nucleares japonesas y ocho norteamericanas, cuyos fallos en algún reloj o sistema de monitorización no obligaron, sin embargo, al corte del suministro. Durante ese mismo año, algunas máquinas de validación de billetes de transporte público dejaron de funcionar en Australia. Un par de sistemas en Estados Unidos y Francia –irónicamente encargados precisamente de mantener la hora oficial– emitieron de forma incorrecta la fecha de año nuevo como 1/1/19100.

En conclusión, ¿fue necesario tanto revuelo con el efecto 2000? En los años posteriores, fueron muchos los críticos que aseguraron que las teorías acerca del efecto 2000 fueron desmesuradas y que solo sirvieron para enriquecer aún más al sector tecnológico. No podremos saber si los ordenadores no fallaron por las medidas tomadas o simplemente porque era improbable que pasase algo. En cualquier caso, si naciste antes del nuevo milenio, tú también has sobrevivido al “efecto 2000″.

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